MI EVOLUCIÓN: ABEL RECKNOLD

febrero 06, 2014

MI EVOLUCIÓN PERSONAL CON EL
DEPORTE: DIETA, TÉCNICA,
NATURALEZA. POR ABEL RECKNOLD.




Cuando Antonio me pidió que escribiese unas palabras sobre mi escasa pero a la vez reconfortante experiencia en el mundo del atletismo, no pude negarme.
No deja de ser curioso que a día de hoy, después de un par años siendo amigos, todavía no nos hayamos visto las caras en persona ni hayamos competido juntos, (él es más de carreras de 24 y 48 horas, yo tiro para el monte como las cabras). Eso unido a la gran variedad de carreras, competiciones oficiales, no oficiales, ha propiciado que nuestra amistad haya sido 100% virtual hasta el día de hoy, y es que esta es una de las ventajas y/o inconvenientes de estos tiempos que vivimos.
Antes de nada, quiero compartir algunos datos sobre mí que creo que ilustran mi evolución:
Estatura: 1.84 cm
Año 2005: Peso: 98 kg. Musculación + dieta hipercalórica.
Año 2013: Peso: 74 kg. Running + dieta vegetariana.

Hoy, un día cualquiera en mi vida incluye carrera a pie y/o bicicleta, sin embargo no siempre ha sido así. Llegué a pesar casi 100 kilos, me lesionaba cada vez que practicaba cualquier deporte fuera de la sala de pesas, me costaba horrores completar un kilómetro corriendo, y aunque en teoría hacía ejercicio, me seguía preocupando por mi cuerpo ya que no me sentía en forma. La realidad es que la
sensación que tenía, era de todo menos saludable.


Un cambio de mentalidad

 
Un viaje de trabajo a Japón recién cumplidos los 25 años, cambió toda mi visión sobre la salud, me mostró otra forma de sentir el deporte. Ya sé, pensaréis que lo normal es que te llamen la atención las artes marciales estando en Asia, pero sin embargo conocí otro tipo de alimentación, hábitos de conducta saludables, y la satisfacción que proporciona entrenar moderadamente cada día, estirar correctamente y comer de forma saludable. Lo que más me impresionó fueron las personas “normales” y su relación con el deporte:

la gente que practica ejercicio para sentirse feliz y en forma, 118 (o estar en forma y ser feliz). Para ellos el objetivo de entrenar no es una meta concreta, sino un camino de largo recorrido que no finaliza hasta que no termina la vida. Allí aprendí que uno debe convertir su obligación ensu motivación, de este modo, nunca más tendrás que obligarte a salir a entrenar, sino que será un placer más que una obligación.
 
Después de una estancia de casi 6 meses con todos los esquemas mentales destruidos, y a punto de
reconstruirlos nuevamente, volví a España, y progresivamente fui sustituyendo mis entrenamientos en la sala de pesas por el ejercicio al aire libre.
 
Salí a correr por primera vez al parque del barrio, fue una experiencia terrible para mí ya que no pude correr más de 6 minutos seguidos, mi sobrepeso me lo impedía. Al día siguiente volví a intentarlo, pudiendo correr 10 minutos seguidos.
Durante un mes seguí esa rutina, y pasados los 30 días ya volvía a casa con más de media hora de carrera de forma continua. Lo más increíble, era que el volumen muscular casi había desaparecido junto con 7 u 8 kilos de agua, grasa o quién sabe qué..., el caso es que con 90 kilos ya podía sostener mi peso en carrera sin sufrir un dolor agudo en las articulaciones.
 

La dieta vegetariana

 
 
Comencé a cuidar mi alimentación basada en el vegetarianismo en un 90%, había seguido esa misma dieta unos años atrás, así que no me costó demasiado volver a ella. Pero decidí que a partir de ese momento, no habría vuelta atrás. Debo reconocer que nunca había sido un gran fan de la carne, siempre me he considerado una especie de alérgico emocional a la ingestión de animales y sus derivados incluso desde la infancia. Por eso siempre me digo a mismo: “Si camina, trota, nada, se arrastra, tiene ojos, unamadre y un padre, ¡no te lo comas!”. Pero ese es otro debate ue no merece la pena discutir aquí y ahora. Y, al igual que o me gusta que me digan lo que debo o no comer, nunca
saldrán de mi boca palabras críticas hacia quienes decidan asar su dieta en la ingesta de proteína animal.
Después de 1 año había perdido casi 20 kilos, (sí, ¡¡20 kilos!!), con lo que dejé de lesionarme habitualmente al hacer deporte, incrementé el nivel de energía y esto me ayudó a sentirme mejor cada día. Durante los siguientes 3 años no me dediqué a nada más que nadar y correr (nunca más de 3
veces por semana entre ambas), mi musculatura se ajustó a mi peso, ya había finalizado varios media maratones por debajo de 1h45m algo impensable para mí un año antes.
 

¿Cómo llegué al calzado minimalista?

 
 
A comienzos del año 2011 empecé a interesarme por las carreras de montaña después de leer sobre ellas en varios foros, leí en algún artículo que la primera vez que entrenas por la montaña es como la primera vez que haces el amor, seguramente será corto y decepcionante. Eso suscitó en mí un gran interés por las carreras de montaña, así que recién llegado de la Isostar Desert Marathon (la versión “starter” de 45km, sin apenas desnivel), sentía la necesidad de probar eso que se decía sobre entrenar
ganando desniveles y recorriendo muchas millas lentas. Nunca habría imaginado el efecto que la montaña causó sobre mí, nada que ver con esas tiradas infinitas sobre el asfalto ardiendo en verano, o resbaladizo tras la lluvia en invierno.
 
Ahí fui consciente de algo que había pasado por alto en mis entrenamientos de carretera, no sentía la tierra, no sentía las piedras, no sentía la hierba, en general no sentía nada más que la amortiguación de las zapatillas, solamente iba botando de una piedra a otra o de un terreno a otro. Eso generó exceso de confianza en mí pisada, comencé a sentir de nuevo esa sensación de malestar en los tobillos, gemelos e incluso en la espalda, fue entonces cuando me decidí a investigar sobre el calzado minimalista. Tony Krupicka acababa de firmar como asesor de producto con New Balance para lanzar una línea de calzado, a raíz de infinidad de vídeos, artículos y libros, me decidí a probar de modo progresivo un par de zapatillas con suela mínima que apenas tenía 4 o 5 mm de espesor.
 
Lo primero que noté fue el incremento de la sensibilidad en los pies, pero también me llamó la atención la gran apertura de los dedos con respecto a otros modelos de zapatillas, tras años encajado en zapatillas que no permiten al pie abrirse con naturalidad, sentí una cierta sensación de liberación. El peso era otro componente que impedía que avanzase todo lo rápido y ligero que necesitaba en la montaña, descubrí que unas zapatillas de corte minimalista podrían ayudarme también en ese sentido, después de todo, el objetivo de este tipo de calzado no es otro que emular al máximo la sensación de ir descalzo.
Desde que decidí incluir de manera permanente calzado minimalista en mis entrenamientos y carreras han pasado cerca de 13 meses, mis visitas al fisioterapeuta se reducen a “puestas a punto”, atrás han quedado las épocas de lesiones, he mejorado mi técnica de pisada. En todo esto también ha influido haber conocido compañeros como Santi Ruíz, el cual me ha facilitado el trabajo a nivel técnico, siempre ha dicho: -¡Corre como un niño!, a lo que añado, -¡Pisa como si
corrieses descalzo!.
 
Me lo repito una y otra vez para concentrarme en la técnica de pisada, eso me lleva a ese estado de meditación que en muy pocas ocasiones se consigue, ese momento en el que uno cree que podría correr para siempre.
Sé que puede sonar algo místico o incluso disparatado, pero todos aquellos que lo han experimentado,
saben a qué me refiero exactamente. La carrera de montaña sumada al cambio en la alimentación,
al cambio del calzado, al final me ha llevado a disfrutar de un contacto más intenso con la naturaleza, creo que en realidad este es el auténtico motor del cambio, el que te lleva a buscar un estilo de vida más acorde con tu filosofía y con tus pasiones.
 
A día de hoy ya he superado los 150 días de entrenamiento consecutivos, no cuento con los datos exactos de desnivel, ni los kilómetros que he acumulado, tampoco me interesan demasiado, pero puedo asegurar que jamás me he sentido en mejor forma física, nunca he disfrutado tanto de mi entorno como ahora lo hago. Y ese, es uno de mis objetivos principales en la vida.
Con esto no pretendo convencer a los lectores de que cambien de tipo de calzado o que modifiquen sus prácticas.
 
Creo que es indiferente que uno sea Minimalista, que use amortiguación, con más o menos “drop”, todo eso es irrelevante, lo que ha funcionado en mi caso, no tiene por qué ser la receta mágica para los demás. Ésta es simplemente una historia real de una persona cualquiera, lo que realmente
es importante es disfrutar del deporte, dejar que éste te mejore a la vez que tú mejoras en el deporte, convertirse en una persona más vital, más feliz.
Por ello debo agradecer a Antonio su confianza en mí para relatar mi corta y humilde experiencia personal con todo el mundo del atletismo, una de las personas que mejor desarrollan la relación del deporte con la felicidad, propia y ajena.
 
Abel Recknold

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